Consumo sin premeditación

Las fechas con tanta permisividad y «licencia» para beber como estas que se aproximan y que para muchos ya han empezado, son la excusa perfecta para beber sin sentirse mal incluso hasta cuando nos excedemos.

La sociedad lo ve normal y lo tolera o justifica porque al ver a alguien un poco contento o eufórico por haber bebido, enseguida lo asocia a alguna celebración: vacaciones, cena de empresa, fin de exámenes, regreso a casa desde alguna parte lejana y reencuentro con la familia, reuniones o celebraciones especiales de grupos de personas, etc.

Son días (muchos,por cierto) en los que el consumo puede ser por improvisación. Cualquier día que no estaba programado o premeditado podemos salir a dar una vuelta y encontrar un ambiente excesivamente relajado, distendido, y de celebración que nos haga consumir en exceso o abusando cuando ni tan siquiera lo teníamos previsto.

Estas «juergas por sorpresa» en las que uno no espera verse metidas, muchas veces son la antesala de un escape que hasta el momento teníamos controlado y durante toda nuestra vida habíamos sabido manejar.

Los cambios en los ciclos vitales (edad) la relajación en las responsabilidades, los nuevos estados y hábitos de vida (separaciones, rupturas, libertad de horarios, cargas, trabajos, etc después de muchos años de convivencia) puede que haga que nos «aficionemos» a beber como alternativa a ese nuevo cambio de nuestra vida para sobrellevarlo o no afrontarlo con la madurez que necesitan.

Actualmente existe un crecimiento de personas que enferman de alcoholismo (especialmente el alcoholismo femenino, representado por la figura mayoritariamente de la mujer, de una edad que pasa los cuarenta, con una nueva situación vital) que con apenas trayectoria de excesos o abusos en el consumo, de repente empiezan a beber como huida o auto-medicación para combatir a la soledad, nostalgia, depresión, melancolía, y muchas emociones que les están afectando.

El alcohol siempre tiene trampa y no se necesita ser un bebedor dependiente o con años de historial de consumo para enfermar, sino que puede hacer que lo hagas por las circunstancias más tontas e inesperadas. por eso, ante cualquier aviso de asociación gratificante o de recompensa que nos pueda ir produciendo el efecto del alcohol como por ejemplo en estos consumos inesperados que a veces parecen la respuesta a nuestra tristeza o estado de ánimo, hay que poner las alertas y pensar que aunque sean fechas con permisividad y aceptación, no siempre es tan bonito, divertido y alegre como la sensación que aparenta inicialmente porque el alcohol, tarde o temprano pasa su factura.

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