Compromiso

 

Hablamos de conductas constantemente en cualquier intento o programa en sí mismo de rehabilitación y abandono del consumo cuando este nos ha causado enfermedad o pérdidas frecuentes de control. Estas conductas parecen repetitivas y similares pero cada una tiene su sentido y significado.

Entre las más habituales solemos destacar la perseverancia, la constancia, tenacidad, firmeza, entrega, sacrificio y esfuerzo, madurez y muchas más. Claro que son necesarias ya que sin ellas sería imposible cambiar un mundo donde todo lo vemos con ojos de botella y lo que pretendemos es verlo real.

Pero yo personalmente me inclino por la perseverancia aunque ésta sólo será efectiva si antes precede un compromiso.

Por lo tanto, sin compromiso adquirido, sin la intención real del propio enfermo de intentarlo (ello le obligará tarde o temprano a reconocerse como enfermo porque si no lo hace siempre pensará que no lo es y su compromiso jamás tendrá fuerza suficiente para afrontar futuras adversidades sin apoyarse en el alcohol) la recuperación no es posible.

No se trata de resaltar una conducta o un cambio de hábito más importante que otro, sino de empezar la casa por los cimientos y, en este caso, la base de toda recuperación se construye sobre un compromiso personal y voluntario aunque le anteceda un condicionamiento o coacción previo (el típico asistir o acudir a pedir ayuda forzado u obligado).

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