Caminando por el borde

No importa ser enfermo para sufrir consecuencias por el alcohol. Cualquier consumidor que no respete la moderación, no sea prudente, y no beba con responsabilidad, puede en cualquier momento sobrepasar el límite y padecerlas.

Por esa razón, en la sencilla y gráfica metáfora de «andar por el borde del abismo», en la cual casi sobran las explicaciones, se sobreentiende que es más fácil caer.

Un bebedor ocasional o esporádico puede arrimarse al borde por falta de precaución o despiste, sin embargo un bebedor habitual y con episodios de abuso frecuentes o consumo prolongado, aunque no haya enfermado, siempre anda al límite y su riesgo es máximo.

Puede parecer infantil el símil, pero la experiencia de falta de miedo y respeto a las consecuencias o a la propia gravedad que puede acarrear el consumo desproporcionado o en exceso de alcohol, muchas veces es la principal causa de que lleguemos al destino final, fatal, y anunciado:Alcoholismo.

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