Cambio de roles: El bueno es el malo y el malo pasa a ser el bueno

No es una curiosidad,es una certeza absoluta.

En un mundo alcohólico, aquel que quiera ser bueno de verdad y ayudar, deberá ser directo, honesto, y muy sincero. Evidentemente eso al enfermo no le gustará. Considerará tales sugerencias como ataques y convertirá al bondadoso en una posible amenaza de la que hay que alejarse. Sin embargo, el malo, el compiche, el cómplice, el que le sigue el rollo, el que trama, urde, le guiña un ojo, le echa un cable tapándole las situaciones embarazosas o conflictivas, le defiende, minimiza sus consumos, etc….ese será el bueno para el enfermo.

Este cambio de roles es necesario para el enfermo y su supervivencia en la enfermedad (poder seguir consumiendo).

Aceptar los consejos y ayudas del «bueno» sería lo mismo que reconocer que tiene un problema, cosa que no le interesa para nada.

Es muy triste pero esta situación no se da una o dos veces sino durante toda la vida y eso hace que ese desgaste emocional producido por una respuesta siempre de rechazo u ofensiva, que el amor se vaya alejando para dar paso a la indiferencia.

Pero si ya es triste de por sí la relación familiar que quiere ayudar-enfermo, peor es la que se va creando con el resto de familiares especialmente cuando esos son codependientes. Es tal la confrontación en algunos casos que, «el bueno» no sólo discute con el enfermo sino con el resto de la familia porque no entienden y no aprueban su forma de actuar.

En resumen, porque este tema trae tela, cada vez que enferma una persona, además de hacerlo los otros que conviven con él, siembra la discordia entre ellos.

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