Calma tensa

La inestabilidad de una persona enferma alcohólica hace que el ambiente y entorno se respire tensión constante y permanente.

Ese no saber «cómo vendrá, cómo se lo tomará, qué dirá, en qué estado llegará, …» acaban por desestabilizar cualquier atisbo o indicio de armonía y tranquilidad. Nunca puede haber bienestar porque si existe, en cualquier momento inesperado, acaba por romperse.

Existe esa calma tensa que planea en los hogares y entornos de los enfermos tan propia y característica de la enfermedad.

Al final, lo que ocurre siempre por mucho que pretendamos evitarlo es que los demás acaben por enfermar también, pendientes siempre de esta lamentable situación que genera el alcohol.

Los efectos colaterales del alcoholismo son infinitos. La repercusión de la enfermedad de uno sobre los demás es incalculable. Suerte de que la mente es plática y desarrolla la capacidad de olvidar muchas de las cosas negativas como mecanismo de defensa y procuramos no acordarnos «tanto» o en la menor medida posible las veces y veces que se ha montado un follón o un conflicto por una tontería o sin sentido.

Es como si de alguna manera fuera la familia la que se adapta, y no el propio enfermo que es cómo debería ser, a la situación.

Con los años de recuperación y reflexión sobre está enfermedad he llegado a observar que los efectos y consecuencias indirectas (los colaterales) incluso se trasmiten a varias generaciones. Por ejemplo, en casa de un enfermo, si no se pone remedio y este impone sus condiciones de por vida (no poner música, por ejemplo, porque a él le molesta que los demás estén alegres y contentos), al final acabará normalizándose como una norma establecida que muy probablemente inconscientemente sus hijos continuarán con el mismo patrón porque les recuerda o la asocian al consumo.

La tensión acumulada acaba agotando y desgastando. Cualquier esperanza de vida equilibrada o tranquila desaparece y es sustituida por ese estado de alerta permanente.

En ocasiones afortunadas la paciencia se agota y se toman decisiones resolutivas que acaban con toda esta locura de manera de vivir, en otras, lamentablemente empeora y cada vez crece más.

De una manera u otra, el alcohol y el bienestar es incompatible: O se toma una solución o aquí enferma hasta el apuntador.

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