Cada trago ante la adversidad, un paso hacia la enfermedad.

Esa excusa tan excusa de beber alcohol para olvidar los problemas o no querer afrontarlos, comienza a ser ridícula, infantil, y patética.

Por esta regla de tres todos los bebedores de alcohol serían alcohólicos y la cosa no funciona así de sencilla. Porque ¿Acaso no todos tenemos adversidades diarias de todos los colores?…

No se puede utilizar al alcohol porque este acaba siempre utilizándote a ti.

Refugiarse en la botella no soluciona nada, sino todo lo contrario: lo agrava y empeora.

«Aprender» esa técnica de beber cuando queremos ir anestesiados y no poder con la insoportable existencia de uno mismo si no es yendo colocados, es un mal sistema en que lo peor no es el propio recurso, si no el camino al cual nos conduce: A un punto si retorno, si vuelta atrás. Un sendero no hacia las adversidades sino la adversidad continua. constante, y eterna. Un lugar peor que el infierno y se llama Alcoholismo.

Los vaivenes de la vida, las malas épocas, las etapas duras, las adversidades de una sociedad tan consumista y competitiva que te exige siempre que seas más y mejor ….ponen muy fácil el alcance de una botella para ayudarnos. No seamos tontos (hablo en primera persona porque yo me gané ese «derecho», el de probablemente durante años ser uno de los tíos más tontos del mundo cuando bebía para olvidar, cuando en realidad bebía porque era un cobarde y no quería afrontar) y no caigamos en la trampa tan simplona ,y mísera a la vez, de beber para poder superar el día a día porque al final seremos nosotros los que nos veremos superados.

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