En busca de la complicidad

Los alcohólicos no nos adaptamos al medio y entorno social, huimos de el creando uno a «nuestra medida».

Se puede decir cualquier cosa de un enfermo alcohólico, incluso la mayoría despectivas debido a los comportamientos y conductas, pero de lo que no hay ninguna duda es que somos una especie que sabe sobrevivir muy bien dentro de la propia enfermedad y que tenemos una enorme capacidad de manipulación y estrategias propias para lograrlo.

De entre ellas, la complicidad.

La complicidad alcohólica es necesaria para subsistir. Buscamos personas que en definitiva, hagan lo mismo o se comporten de modo similar para sentirnos bien y justificados o lo que es lo mismo: alejarnos de personas y entornos que no entran en nuestro juego para evitar los reproches y recriminaciones continuas.

Siempre nos movemos en la toxicidad (y no sólo por la sustancia). Nos relacionamos con otros alcohólicos y consumidores con los que nos entendemos a la perfección, nos apoyamos y respaldamos mutuamente cubriéndonos las espaldas y encubriendo nuestros actos. Personas que al igual que nosotros tienen mucho que esconder o disimular y no nos van a delatar por el interés común que  nos une.

Uno de los ejemplos más claros que se da a lo largo del proceso de enfermar y la trayectoria de consumo es la facilidad con la que nos vamos aislando de las personas que nos quieren de verdad y los amigos que realmente se preocupan por nuestra situación, y poco a poco vamos en busca de compinches o camaradas a los que nos une una afinidad: El consumo.

Cuando bebía y me invitaban a una fiesta, una comida, evento o algo por el estilo, siempre me sentaba al lado de alguien que bebiera tanto o más que yo. No me interesaba en absoluto ningún tipo de celebración o conversación  donde no tuviera una copa en la mano constantemente y pudiera colocarme buscando el efecto que pretendía con el alcohol. El unirme a una persona o grupo que se comportara del mismo modo me hacía sentir más seguro (en realidad menos inseguro) porque ya no era yo solo y exclusivamente que daba la nota. Nos reíamos las gracias de cosas que no tenían ni pizca de gracia, nos burlábamos de todo cuando en realidad nosotros éramos el objeto de burla, y por supuesto, nos creíamos más divertidos, especiales, y vividores que el resto de la compañía sólo por el simple hecho de ir bebidos.

Al ponerme en tratamiento fue más sencillo de lo que en un principio me imaginaba: Hacer lo contrario de lo que había hecho durante años, alejándome de toda complicidad alcohólica e ir lentamente intentando recuperar a «esas personas» que nunca me habían abandonado en realidad y me querían mucho, como familiares y amigos reales.

La complicidad en el consumo es muy mal síntoma y delatador de que este no es normal sino más bien enfermizo.

3 Comments

  1. Enrique Román Martinez en Facebook el 14 abril, 2016 a las 7:04 am

    Buenos días, es el pan nuestro de cada día, la complicidad para la persona de consumos abusivos o enfermas de alcoholismo, es imposible vivir sin ella.Leer más ..

  2. Arango Marian en Facebook el 14 abril, 2016 a las 12:32 pm

    Es cierto, existe gente que busca alejarse de ti porque les dices que ésto no es bueno.

  3. Arango Marian en Facebook el 14 abril, 2016 a las 12:33 pm

    Se refugian en su » amigos y complices «…

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