Hay que diferenciar los que beben por ocio, alterne, tradición o influencia social pero no tienen consecuencias por ello y por lo tanto no han enfermado.

La definición más breve, más práctica y más sencilla para definir al bebedor del enfermo es que, éste último, no consume por placer sino por buscar un efecto en el alcohol. Pero los que somos enfermos alcohólicos, cualquier intento de moderar, beber menos, o controlar siempre será temporal. La enfermedad, al final, siempre nos manejará.

La alternativa es el tratamiento. Cuando se ha enfermado, hay que dejarse ayudar Es una obsesión enfermiza que solemos tener en general los alcohólicos la de pensar que tenemos la situación controlada cuando en realidad está sucediendo todo lo contrario.

Ese afán por querer aparentar y demostrar un control y dominio sobre el beber cuando ya se han tenido múltiples episodios de descontrol y consumo abusivo es una muestra de cómo se manifiesta la conducta alcohólica en la que, a pesar de saber que no es cierto lo que dices (el controlar), te llegas a creer tu propia mentira.

Comprender que una vez que has enfermado y que ya no hay vuelta atrás es un gran paso y avance en la recuperación.

 

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para escribir un comentario.