Alcohólico: 24 horas al día, 365 días al año.

Estar enfermo no significa que tengas que beber cada día, ir colocado, alcoholizado o embriagado constantemente. Tendemos a pensar la falsa creencia de que el alcohólico es cuando va intoxicado y la historia ,,, no es tan simple y sencilla.

Una persona que ha enfermado de alcoholismo, independientemente de las cantidades que ingiera y las frecuencias con que lo haga, está enfermo las 24 horas del día.

Aunque esa misma persona lleve días de abstinencia, su mente sigue empapada: Su actitud, sus conductas, su inestabilidad y cambios frecuentes de personalidad permanecen.

La gran desinformación y confusión que existe acerca de esta enfermedad, que para empezar muy pocos la reconocen como tal, hace que continuamente confundamos los conceptos relacionados con ella.

Por ejemplo: Una persona que «sólo» bebe los fines de semana, pero lo hace abusando, en exceso, y dedica todo el tiempo libre al consumo, no sólo está siendo «alcohólico» esos días. Los días posteriores, la enfermedad permanecerá pero manifestándose de otro modo diferente a la intoxicación (al colocón del quince que ha pillado el fin de semana) pero con una actitud muy distinta. Para empezar, cuando desaparezca lo que conocemos por desintoxicación vendrá la sumisión y falsa humildad del que se siente culpable: arrepentimiento, remordimiento, ansiedad, angustia, flagelación psicológica( el «no lo volveré a hacer más», «por qué lo he hecho», …) el falso perdón (lo siento mucho cariño o mamá,papá,hijo, o amigo),las promesas y juramentos incumplidas ( «Voy a dejarlo, procuraré beber menos, intentaré controlar,…») y así, sucesiva y progresivamente durante unos días hasta que le desaparezca la ansiedad que le producían esos efectos secundarios del post-consumo. Luego, las conductas propias de la enfermedad tan impregnadas y arraigadas en nuestra mente, harán que poco a poco adquiramos fueros y volvamos a sentirnos tranquilos y relajados porque la angustia de esos momentos habrá pasado y en nada de tiempo, ya volveremos a poner la «maquina de pensar» a planificar los próximos consumos, sin acordarnos o habiéndolo olvidado adrede, del próximo fin de semana. En definitiva, al viernes siguiente … volveremos a empezar con ese bucle o espiral de la que cada vez vamos adentrándonos más.

Un enfermo alcohólico es casi más insoportable cuando no bebe o se le priva de hacerlo que cuando lo está haciendo. Mientras consume, acalla su malestar y anestesia sus emociones alterando, a través de la sustancia, la percepción de la realidad modificando su estado de ánimo.

El problema viene cuando le falta la dosis. Ahí es cuando sale la verdadera personalidad enferma. inestable, cambios de humor, culpa a todo y todos de lo que le sucede, su visión de la realidad es gris, sucia, el pesimismo y derrotismo le invaden, se siente frustrado, etc.

He resumido un ejemplo muy básico y frecuente como es el del enfermo que sólo bebe los fines de semana y se disfraza de «consumidor social», pero cuando la sociedad tome consciencia de las múltiples formas que hay de beber y enfermar sin necesidad de guiarse por los estereotipos y prejuicios habituales o asociaciones del estilo «Borracho-tirado y marginal», se sorprenderá y asombrará de cuan compleja es esta enfermedad que sabe camuflarse tan bien y pasar desapercibida en la sociedad actual en la que vivimos.

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