Aislamiento social

«Si eres orgulloso conviene que ames la soledad: Los orgullosos se quedan siempre solos» Amando Nervo

 

Siempre pensamos que los alcohólicos acabamos solos o excluidos porque la sociedad nos acaba rechazando, pero en muchos casos ese distanciamiento es voluntario y provocado.

Los alcohólicos nos vamos alejando de la gente que no consume o si lo hace, es  de un modo normal. Desde muy temprano, vamos volviéndonos selectivos escogiendo las amistades por vínculos de complicidad en el consumo.

Nos gusta sentirnos cómodos y la mejor manera de conseguirlo es rodeándonos de personas que hacen lo mismo que nosotros.

Por ejemplo, en una etapa del proceso de mi enfermedad, escogí alejarme de familiares o grandes amigos de la infancia porque ellos no bebían a mi ritmo, y eso me molestaba y a la vez, yo les incomodaba a ellos. Me sentía recriminado, controlado o juzgado. No sólo por las palabras, sino por las miradas y gestos que delataban: ¡Joder cómo bebe Mica! O,¡Se está pasando un montón!

Mi única salida era evitar alternar con ellos. Necesitaba gente que hiciera lo mismo que yo y así de este modo, no sentirme tan raro.

Eso no significa que desaparezcamos o nos esfumemos. Seguimos ahí de postín, limitándonos a pasar por obligación infiltrados en la sociedad, pero nuestros pequeños momentos de gloria y satisfacción sólo los encontramos cuando podemos beber sin ser controlados.

A medida que avanzamos en la enfermedad, más lobos solitarios nos volvemos:frecuentamos lugares para beber que no nos conozcan tanto, evitamos reuniones o acontecimientos familiares con cualquier excusa o pretexto (cuando el verdadero motivo es que no nos interesa acudir porque no podremos beber como a nosotros nos interesa), dejamos de realizar actividades donde el alcohol no está presente (acampadas, eventos o espectáculos donde no hay consumo, salidas al aire libre, días de playa donde no hay chiringuitos, excursiones sin posibilidad de pararse a tomar un trago, etc.)

La gente normal acaba por parecernos fastidiosa. Los amigos de siempre los calificamos de aburridos (sólo por el hecho de que no beben a nuestra manera). Poco a poco nos vamos alejando y distanciando creándonos un mundo a nuestra medida: Osea, alcohólico.

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