«Aguanta» muy bien el alcohol

 

El alcohol no debe «aguantarse», sino consumirse por placer sin tener necesidad de abuso,exceso,o búsqueda de un efecto que nos haga escapar de la realidad.

Lo del «aguante» crea mucha confusión. Desde jóvenes asociamos esa capacidad de beber mucho sin ir apenas bebidos como un síntoma de fortaleza.

En realidad es un poco al revés: El hecho de poder beber mucho sin ir colocado cuando el consumo es frecuente o habitual significa que comienza a existir una tolerancia, y eso siempre es mal síntoma.

La tolerancia, de hecho, es una característica muy propia de la enfermedad del alcoholismo. Para decirlo de un modo campechano y que se pueda entender, a medida que vamos adquiriendo una dilatada trayectoria de consumo de alcohol, éste cada vez nos hace menos efecto y necesitamos más cantidad o más graduación.

Cuando hablaba de confusión es a la tolerancia inicial del bebedor que no ha enfermado. Es evidente que el alcohol afectará de modo diferente a personas con más peso corporal que aquellos que lo tengan menor, al igual que a la diferencia de género entre hombre y mujer ya que el metabolismo de la sustancia es diferente. Estas circunstancias hace que exista menos aguante a una misma cantidad dependiendo del género, del peso,de si existe un consumo añadido de otras sustancias o medicaciones, y también, aunque se hable poco de ello, del estado emocional o psicológico del sujeto cuando consume (el alcohol nos puede hacer una reacción diferente cuando estamos alterados actuando de detonante y potenciando el efecto).

Pero al hablar de tolerancia a la sustancia … ya hablamos de enfermedad. Personas, como fue mi caso personal, que pueden beberse grandes y exageradas ingestas, no es porque estén más fuertes sino porque se han habituado tanto al consumo que lo normal ya no les hace ni efecto.

El ejemplo más popular que se suele decir es el de «bebe mucho pero nunca lo verás borracho o cayéndose». Este mismo caso, es el ejemplo de la tolerancia adquirida: Necesita grandes cantidades y, aunque aparente no estar embriagado, evidentemente está intoxicado por la cantidad de alcohol que lleva en sangre.

Pero el verdadero peligro de la tolerancia es que al hacer cada menos efecto deseado aunque aumentemos las cantidades, necesitaremos combinar con otro tipo de bebidas o sustancias para conseguir alterar nuestra conducta y lograr ese efecto anestésico o desinhibidor que pretendemos. Eso hace que cada vez bebamos más, mezclemos, y nos metamos otro tipo de drogas para conseguirlo.

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