Agonía innecesaria

 

Dar vueltas,y vueltas,y más vueltas a un imposible …es agonizar «gratuitamente».

La dependencia psicológica,sea a una sustancia,emocional hacia una persona,a un sueño irrealizable,…no es más que una tortura sin sentido.

Nos enrocamos en un pensamiento fijo y obsesivo,pensamos que la situación cambiará,nos decepcionamos cuando vemos que no ocurre,…pero seguimos fantaseando en que al final todo saldrá bien, y así sucesivamente entramos en  una espiral que lo único que hace es consumirnos lo más precioso que tenemos;el tiempo.

«¡Cuántas veces soñé con aprender a beber cuando lo que debía hacer era aprender a no hacerlo! ¡Cuántas veces me desgasté pensando en alguien que ni siquiera le importaba si existía! ¡En cuántas ocasiones quise nadar a contracorriente para acabar pereciendo en la orilla!…

La vida es digna de ser vivida,apreciada,contemplada. No merece que agonicemos por nada ni por nadie.

Puede que no tenga claras muchas cosas (mi optimismo vital hace que piense que aunque no las tenga claras,con esfuerzo,trabajo,e introspección, al final las tendré),pero la experiencia de ser y vivir con personas enfermas de alcoholismo me ha enseñado que lo más grave no es depender de algo físico,sino de una idea o un concepto mental. Algo que nos tortura y nos esclaviza.

Es evidente que mi labor es tener una actitud positiva y dar fuerza,valor,y motivación a todas aquellas personas que están en el infierno del alcohol para trasmitirles confianza y esperanza de que es posible salir. Pero esa salida es el principio de un largo recorrido.

A veces,la inmediatez de esta mierda de sociedad que entre todos hemos diseñado en la que pretendemos siempre buscar resultados rápidos,nos hace ir un paso por delante o demasiado acelerados. Siempre pensé que para recoger había que sembrar. Ahora …he comprendido que antes de sembrar,hay que limpiar el campo de maleza.

No merece la pena vivir una vida agónica en la cual,por mucho que te vayas superando,tengas atado al cuello una obsesión que no te deje avanzar.

Hay que dejar de beber si estamos enfermos,pero también hay que comprender que hacerlo no es un castigo,sino una oportunidad.

Hace dos mil años alguien decía «Quién tenga oídos,que oiga». ¿La verdad…? Estoy con él a muerte.

 

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