¡Afrontar, no huir!

Miedo, temor, incertidumbre, ansiedad, angustia vital, bajones, obstáculos, adversidades, etc las tenemos todos, alcohólicos, no alcohólicos, malabaristas y astronautas.

La vida es fantástica, sin ánimo de predicar ningún tipo de filosofía barata, pero para ello sólo debemos hacer una cosa,de entre muchas, bien: No complicarnos.

Si padecemos alcoholismo hay que afrontar la enfermedad sí o sí. Rendirse no es una opción, huir,menos. Evitarla es aumentarla. Y sustituir el alcohol por otra sustancia que nos presente efectos similares de recompensa es lo mismo que nada.

No soy un purista ni creo en un método único o perfecto. más bien, aunque siga y elabore continuamente un programa propio, creo que cada maestrillo tiene su librillo. Creo en las auto-técnicas cuando se comprende la enfermedad y el engaño que produce ésta. Pero no creo en el «my way». Eso es más de Frank Sinatra.

Pienso que si alguien comprende la complejidad y la fuerza de atracción que el alcohol siempre, durante el resto de nuestras vidas va a perseguirnos, que se puede mantenerse sobrio y sereno recuperándose haciendo cada uno lo que crea conveniente siempre que mantenga todos los sentidos y las alarmas puestas en la enfermedad que tiene y nunca olvide las consecuencias del pasado y que ese puede volver a ser nuestro futuro si nos despistamos o bajamos la guardia.

Por eso, sin juzgar técnicas, métodos, programas, o estrategias, como decía Baltasar Gracián …»Bien está lo que bien acaba». Pero ojo: Para acabar bien, se tiene que hacer bien.

 

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