Abducidos

Es la palabra que más se aproxima para describir el estado de un enfermo alcohólico interaccionando con la sociedad. Actuamos como si hubiéramos sido abducidos, que nos hubiera secuestrado el alcohol y nos tuviera retenidos en su planeta.

Cuando enfermamos dejamos de ser aquella persona que éramos para convertirnos en otra muy distinta: Egoísta, manipuladora, interesada, insensible, sin escrúpulos, …

Es cierto que el alcohol nos secuestra emocionalmente para ceder y serle sumisos dependiendo en todas las acciones,decisiones, y comportamientos de su capacidad.

Las personas que nos quieren siguen confiando y justificando nuestra conducta alegando que no sabemos lo que hacemos, que si lo hacemos es porque vamos bebidos, que si no fuéramos en ese estado probablemente no actuaríamos de tal o de cual manera, pero lo cierto es que no es así: Cuando estamos enfermos de alcoholismo vivimos por y para el alcohol. El alcohol nos cambia, nos transforma, nos modifica y altera la conducta, nos hace totalmente diferentes.

La idea de recuperación alcohólica, dentro de su enorme complejidad, es muy sencilla: Detrás de cada enfermo hay una persona. Hay que «hacer desaparecer» al enfermo para que vuelva  a resurgir la persona que se encontraba secuestrada.

Normalmente cuando dejamos de beber, seguimos un tratamiento, y empezamos a recuperarnos, poco a poco volvemos a ser cómo fuimos y aterrizar de vuelta al planeta tierra con sus emociones reales, sin anestesia.

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