A la deriva

 

Aquel que tiene un «porqué» para vivir se puede enfrentar a todos los «comos». Nietzche, Friedrich

 

Perder el control en ocasiones puede ser incluso un accidente o la propia impulsividad del carácter o temperamento. Hacerlo con frecuencia por consumir alcohol y «acostumbrarse» a ello, una mala práctica muy cercana a la enfermedad.

El control se empieza perdiendo sobre uno mismo, sobre su capacidad de parar los consumos cuando el desea ya que el alcohol te va creando una necesidad superior,y se acaba por perder el de la vida.

Decir que un alcohólico va a la deriva no es una metáfora,sino más bien puro sentido literal.

Los enfermos alcohólicos «entregamos» el timón a la botella,y ésta navega por donde ella quiere, normalmente con rumbo a la autodestrucción.

Podemos mentir, engañarnos a nosotros mismos,intentar convencer a los demás, aparentar, o intentar demostrar que eso no sucede así, pero quien ya no controla al alcohol sino que este le controla a él, sabe muy bien de que hablo.

La tozudez alcohólica que nos caracteriza intentará siempre negar esta circunstancia tan evidente pero lo único que conseguirá es agonizar en el plazo del tiempo. Como más tiempo tardemos en volver a dominar la situación, más dificultad habrá para hacerlo.

Resistirse y luchar contra el alcohol cuando eres enfermo alcohólico es lo mismo que nadar para acabar ahogándote en la orilla.

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