Miedo a la sobriedad

¡Así es esta enfermedad: uno llega a tener miedo a vivir sin «refugios» para mantener alterada la percepción, para evitar la sobriedad, y para huir de la realidad o un estado de serenidad!

¿Absurdo, surrealista, cobarde, …? ¡No, enfermo!

Cuando llevas más de media vida haciendo las cosas con alcohol, cuando todo tu aprendizaje (desde la primera relación sexual, la primera pareja o trabajo, tus primeras tomas de contacto con la madurez, experiencias o cambios de ciclo vitales, etc.) te has apoyado en la botella, extinguir esa asociación tan impregnada resulta tarea muy compleja.

Al dejar de beber todo te parece nuevo. Descubres un mundo al revés: El silencio te parece ruido, la contemplación de los pequeños detalles que forman una vida te parecen grandes novedades o descubrimientos, tus primeras responsabilidades asemejan a obras faraónicas, los contactos y relaciones con y para los otros te incomodan e incluso te intimidan.

Dejar de beber para recuperarse de alcoholismo siguiendo un tratamiento adecuado y guiado es lo mismo que aterrizar en un nuevo planeta; el planeta sobriedad.

«¡ miedo, pánico, angustia! ¿Sabré vivir en este mundo? ¿Cómo encajaré? ¿Cómo tengo que desenvolverme ahora que no voy puesto o colocado? …- me preguntaba en los inicios.

Mi proceso inicial fue conseguir «erguir la cabeza». Años de miradas al suelo y huidizas, años de evitaciones o confrontaciones para poder aislarme y beber, años de soledad en compañía, años de cómplices en lugar de amigos, años de discusiones provocadas adrede, años de frustración, rendición y derrota por una botella, … fueron muchos años. Había que comenzar de nuevo, resetearse, reinventarse, resurgir de las cenizas empapadas.

Ya no era sólo consumir en sí, sino aprender a manejarme sin hacerlo.

¡Tuve mucho miedo a la sobriedad! Confieso que en muchas ocasiones hubiera dejado todo y regresado a mi «zona confort», el interior de una botella. Ya se habían acabado las excusas, ya no había que buscar la aprobación ajena para actuar, ya era el momento de aprender a tener mis responsabilidades y obligaciones, tomar mis decisiones, afrontar las adversidades cotidianas sin depender de nadie, era el momento de volver a ser yo mismo.»

Así nos sentimos cuando después de resistirnos durante mucho tiempo a aceptar un problema( enfermedad) y decidir ponernos en tratamiento para abandonar el maldito bastardo infierno del alcohol.

¿Ahora? Ahora no tengo ningún temor, miedo o duda de vivir en paz, sobrio, sereno, y consecuente de mis actos. Ahora lo que tengo miedo es sólo de pensar o plantearme por un instante el tener que volver a revivir todo eso que durante tanto y tanto tiempo me esclavizó y autodestruyó.

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