La Factura

Los enfermos alcohólicos pretendemos recuperarnos como si fuéramos un coche que entra en el taller porque se ha estropeado y queremos que lo arreglen, lo revisen, lo pongan a punto, y lo dejen «como nuevo».

Por otra parte, nos «hemos labrado» una trayectoria con el abuso o el consumo prolongado a lo largo de años o décadas que nos ha dejado un aprendizaje y una herencia alcohólica que no se va sólo con dejar de beber.

Los alcohólicos, cuando entramos en ese «taller» para arreglarnos, no lo hacemos simplemente estropeados o con un mal funcionamiento, sino que muchas veces por decirlo con sencillez, hay que cambiar el coche completo.

La enfermedad no solo tiene sus consecuencias (que no son pocas), también pasa una factura.

¿Factura? Sí, factura. Antes de «estar bien» hay que trabajar muchos aspectos comportamentales, cambios internos y externos, formas de pensar, ideas y asociaciones, conceptos mal aprendidos, esquemas mentales erróneos, y especialmente las conductas que nos caracterizaban cuando nos escondíamos y refugiábamos tras la botella. Arrogancia, soberbia, inmadurez, inmediatez de resultados, orgullo, prepotencia, autosuficiencia, falsa humildad, carencia de honestidad, manipulación, y un largo etcétera casi interminable.

Por eso, la recuperación es un  proceso. No se trata de cuántos días lleves sin beber sino de por estar sin beber cuántos días lo estás haciendo correcto para no regresar al infierno del que la iniciamos.

La factura se paga con trabajo, esfuerzo, y mucha comprensión de la enfermedad. Quien así lo hace, sin duda alguna obtiene su recompensa: una vida tranquila y sin sobresaltos.

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