Vivir en el enfado permanentemente …es insostenible.

Estar enfadado contigo, con los demás, con el mundo, con el pasado,presente y futuro continuamente, es una auténtica tortura.

No tengo mucho tiempo de “fluir” porque la actividad frenética del día a día de esta sociedad tan consumista, competitiva, agresiva y sin escrúpulos no me da mucho tiempo para hacerlo. Sin embargo, que el sistema me obligue a ir acelerado, no hay necesidad de estar enfadado si uno se encuentra bien consigo mismo.

Cuando bebemos o nos drogamos, entregamos nuestras vidas (sus acciones, intenciones, planes, etc.) al alcohol. Él las maneja de tal modo que consigue convertirnos en personas muy inestables, malhumoradas, cargadas de ira, odio, rencor y rabia, que no es más que la expresión o manifestación de nuestra frustración por haber perdido las riendas.

El alcohol nos vence. El alcohol nos derrota. El alcohol nos destruye. El alcohol nos mata.

Pero no lo hace de golpe, sino agonizando y condenándonos a tener que soportarnos a nosotros mismos, atrapados en la vergüenza, culpa y remordimiento.

Dejar de beber y recuperarse es “descabrearse”. Dejar ya de una vez de estar enfadado a pesar de las circunstancias y adversidades a las que nos debamos enfrentar.

Una persona rehabilitada se nota más por el optimismo. vitalidad y ganas de vivir con entusiasmo más que por su propia abstinencia.

Mientras sigamos consumiendo, seguiremos enfadados.

No vale la pena vivir una vida tan corta y hermosa en un estado permanente de enfado. No nos lo merecemos.

Los beneficios de una recuperación alcohólica son tantos y tan positivos que aunque nos los podamos sentir porque el consumo nos lo impide, al menos podamos imaginarlo, para aquellos que quieren salir del maldito y bastardo infierno del alcohol se lo planteen y lo ejecuten.

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