Puede que nos resulte muy complejo y difícil salir de este infierno, incluso a unos más que a otros, pero con ilusión, trabajo, mucha perseverancia y una fuerte convicción de lograrlo, se consigue.

Hablamos de una enfermedad tan dura y compleja, tan emocional y asociada a la sensibilidad, tan dependiente de la resistencia y resiliencia, así como dela capacidad y actitud ante los obstáculos cotidianos del día a día, que la incertidumbre siempre planea en el entorno; por mucho tiempo que se lleve sin consumir. En cualquier momento puede venirse todo abajo y la ilusión de la recuperación puede acabar en una gran decepción. Esto genera un estado de ánimo contradictorio.

Por una parte, se está orgulloso y contento de mostrar determinación. Por otra, siempre se tiene la mosca detrás de la oreja.  Es fundamental dar todo el apoyo y comprensión posibles al enfermo predispuesto a rehabilitarse. Aun sabiendo que puede salir mal. Aunque no pida ayuda… la necesita. La vida es de color, aunque no siempre sea de colores vivos y alegres.

Al menos, si conseguimos ser capaces de salir del maldito y bastardo infierno del alcohol, aunque tengamos adversidades y obstáculos como cualquier persona no enferma, tendremos la percepción de distinguir diferentes matices y sensaciones huyendo de la automatizadas y feas de las que la enfermedad nos ha impregnado

 

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