Sobreprotegidos por la botella o la manipulación

Nuestros sentimiento reales y verdaderas intenciones nada tienen que ver cuando nuestra mente está intoxicada.

Los alcohólicos somos una “especie” que se adapta muy bien en ese entorno del submundo del consumo, en el que primero sobrebebemos, luego sobrevivimos, para finalizar existiendo sin vivir.

Buscamos la sobreprotección allí donde se halle. Nos da igual en la dependencia emocional (nos juntamos a las personas como parásitos para manipularlos y encandilarlos, obteniendo de ellos todo lo que necesitamos aunque eso signifique herirlos o lastimarles), en la aprobación ajena (siempre en busca de ese aplauso, aunque sea falso o de compromiso, y el consentimiento que nuestra propia conciencia no nos da), y especialmente en nuestro refugio preferido; la intoxicación. Mientras estamos intoxicados nos sentimos seguros y confiados. Es una sobreprotección temporal que, al irse los efectos y aparecer los de retirada, nos dejan huérfanos y temerosos invadidos por la ansiedad.

Aprender a vivir sin beber no es aprender a sobrevivir. Es aprender a gestionar, afrontar y enfrentarse a qué o a quién sin la necesidad de sustancias u otras personas que decidan o nos resuelvan los problemas que nosotros con nuestro propio consumo hemos creado.

¡Basta ya de dañar los sentimientos de los demás, de auodestruirnos, y de pasar una vida a lomo de los demás. Tomemos ya de una vez las riendas de nuestra vida a pelo!

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