Serenidad

En la recuperación no forma parte la inmediatez y la impaciencia, las prisas en general, los atajos para llegar antes, los programas a la carta. No forma parte el pataleo, la inmadurez, las rabietas, el “todo me va mal” o “tengo muy mala suerte”, los enfados con el mundo, con las personas en general y con uno mismo.

Los proyectos vitales, las ilusiones, la motivación y las ganas de mejorar en calidad de vida, se hacen desde la sobriedad para adquirir, serenidad y reflexión. De alguna manera, todos los que enfermamos, aunque no aceptemos el problema o la enfermedad, sabemos que algo no va bien y queremos ponerle remedio buscando soluciones que al final no logramos porque el consumo ya nos maneja y nos convierte en unas marionetas.

Entiendo que en una sociedad tan consumista, convulsiva y competitiva en donde el aprendizaje se basa en los logros y los triunfos sin profundizar en los esfuerzos y sacrificios que hay que hacer para conseguirlos, la frustración por no obtener resultados cada vez sea mayor. El pensar que ya está todo hecho, que hemos superado la prueba, que al haber realizado un programa y haber podido mantenernos y permanecer estables en la abstinencia del consumo ya es suficiente, es uno de los errores más frecuentes de la recaída. Y repito, la abstinencia no lo es todo.

Si sustituimos conceptos básicos que definen los principios de la realización del bienestar, como esfuerzo y sacrificio, perseverancia, disciplina, entrega y tenacidad, por otros muy diferentes, pero muy actuales a la vez, como por ejemplo la ley del mínimo esfuerzo, la pereza, escasez de dinamismo, la confianza en que el tiempo o los demás nos solucionaran los problemas y especialmente la desilusión y desmotivación… no esperemos nada a cambio porque nada sucederá sino más que empeorar las cosas.

Convertir un defecto en una virtud
Esa es la actitud positiva y optimista que hay que adoptar ante la adversidad cuando la enfermedad del alcoholismo nos ha derrotado.
Ponerse en tratamiento y aceptar lo que nos ha sucedido por haber enfermado. Entenderlo, comprenderlo, asumirlo, apartarnos de quienes éramos y reaccionar con una recuperación que nos convierta en mejores personas, aprovechando no sólo la abstinencia sino el crecimiento personal, la reflexión e introspección que vamos a experimentar durante el proceso

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