No nos dejemos ninguna puerta abierta.

En el argot alcohólico “dejarse una puerta abierta” es una posibilidad de volver a beber algún día.

¿Cómo puede suceder eso si nos hemos rehabilitado? La respuesta más inmediata y fiable es que esa rehabilitación no la hemos hecho como correspondía y algo ha fallado o no nos hemos reforzado lo suficiente.

Una puerta abierta es lo mismo que una negociación. Cuando eres alcohólico y decides recuperarte … ya no hay negociación que valga. No hay pasos hacia atrás, no hay dudas que resolver, no hay nada de que tratar con la botella.

Las puertas abiertas dejan entrar pensamientos trampa. Pensamientos que minimizan y suavizan nuestra enfermedad con el paso del tiempo.

El ejemplo más claro y frecuente que nos suele suceder a la mayoría de alcohólicos durante el proceso es ese tan típico planteamiento de. “¿Y si realmente no estaba tan enfermo y ahora que ha pasado tanto tiempo sin beber ya he aprendido a hacerlo?”

Las trampas vienen por nuestra mala memoria, por eso mismo es conveniente siempre recordar (no obsesionarse) de que infierno venimos para que si nos entran ganas de plantearnos regresar, inmediatamente desechemos esa idea.


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