Nadar contracorriente

La cultura de la inmediatez nos está haciendo un “traje” en todos los aspectos.

Vamos en busca de resultados rápidos y sin esfuerzo, a cualquier precio, cogiendo atajos, e incluso sobrepasando el límite de nuestra propia capacidad pretendiendo (a veces, mediante el pataleo exigiendo) que todo sea positivo y bienestar, sin tener en cuenta que para alcanzarlos hay que trabajar duro desde adentro. Eso lo único que está provocando es una crisis emocional, personal, y espiritual muy generalizada y extendida.

Analizo día a día el comportamiento de personas muy heridas por un dolor del alma como es el que provoca el infierno del alcohol o drogas. Lo he experimentado en mi persona y sigo haciéndolo en otras constantemente y sólo observo precipitación, ansiedad por demostrar y aparentar, y un deseo de construir grandes torres sin tan siquiera hacer forjados y bases para que las sostengan, y eso siempre acaba con el mismo resultado: El derrumbe.

Creo firmemente en la recuperación (nunca me cansaré de repetirlo) y en cualquiera que sea de tipo emocional y nos haya lastimado por donde más nos duele: interiormente. Creo y estoy convencido que es posible pero no a cualquier precio y sin valores.

Los valores fundamentales (disciplina, entrega, firmeza, perseverancia, tenacidad, bondad, paciencia, constancia, y amor evidentemente) son imprescindibles para alcanzar objetivos especialmente de esta magnitud como es el bienestar, la tranquilidad, y conseguir estar bien con uno mismo.

Hay que aprender a hacerse amigo de uno mismo

No creo que nadie pueda alcanzar una meta de superación personal si no comienza por empezar a estimarse a sí mismo.

El alcoholismo o drogadicción es una enfermedad del alma. Es cierto que tiene sus bases en lo físico,psicológico, y social, y que estas necesitan de ayuda externa para tratarlas, como también lo es que para recuperarse es necesario seguir un tratamiento para comprender que existe una vida sin alcohol. Pero ello no significa que tengamos que darnos prisa y someternos a la exigencia de la rapidez para lograrlo.

Pienso que recuperarse de esta enfermedad no es una carrera de fondo, sino de resistencia y para alcanzarla, las bases donde se debe asentar cualquier programa de recuperación están precisamente en la constancia, seguridad, y convencimiento para lograrlo.

El primer pensamiento que me reforzó cuando decidí dejar de consumir fue el de: “Peor, ya no puedo estar”. Entonces, cualquier paso por muy pequeño que fuera siempre lo consideraba un avance. pero yo no pretendía llegar a ninguna parte en especial sino simplemente irme de donde venía, el infierno del alcohol o drogas. Por eso, mientras me iba alejando …no tenía ninguna prisa mientras no retornara a él

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