Cuando el consumo te quita el malestar del consumo

No se es más o menos alcohólico, se está o no se está enfermo.

Siempre que decimos esta frase, utilizamos el símil de «embarazada»: Se está o no se está embarazada,pero no existe media.

Con ello se pretende enfatizar en la enfermedad y la aceptación de ella.

Pero hablando de enfermedad, sí podemos distinguir fases o procesos de evolución y deterioro.

En esas primeras fases, las consecuencias no son tan aparentes (apenas existen temblores o manifestaciones físicas, existe una mínima capacidad de disimulo, se puede pasar desapercibido o camuflado como bebedores sociales,etc.). Pero a medida que aumenta la necesidad de consumir, toda esa apariencia va quedando en el olvido. Eso ocurre cuando entramos en un período crítico, y lo que piense o vea la gente nos importa muy poco. Los juicios, los prejuicios, y la vergüenza nos afectan cada vez menos. Sólo queremos, deseamos, …. necesitamos beber.

Es un estado de rendición y entrega total a la botella. Nuestra mente ya se «ha roto» y tiene sólo claro una cosa: Que sólo más alcohol nos puede quitar el nerviosismo,la culpa, o el remordimiento que nos causa él mismo.

Aunque hacía tiempo que sospechaba que estaba muy mal por culpa del alcohol, seguía en progresión y aumento. Cuando vi que ya no tenía ni resacas porque las evitaba enlazando una borrachera con otra, es cuando me vi muy perdido. A pesar de ello, no paré. Al contrario, más necesitaba el alcohol.

Es increíble como llegamos a pensar y a actuar cuando peor estamos. paradójicamente, en lugar de poner el freno, pisamos el acelerador.

Ningún enfermo se quiere aceptar y reconocer como tal. Por eso es muy difícil dejar de beber y ponerse en tratamiento.

Se tienen que dar un cúmulo de circunstancias para que la cabeza se gire y reaccionemos. Algunos le llaman con mucha simpleza tocar fondo, pero yo pienso, personalmente, que es mucho más complejo.

No pretendo ser pesimista con mis palabras ya que mi intención siempre es motivar a ponerse en tratamiento, pero tampoco considero justo que se simplifique y frivolice tanto con la solución a esta enfermedad porque muchas veces, aunque tengamos buena intención, hacemos más daño a los familiares creando falsas expectativas y esperanzas.

Por mucho que lleve en esto, pienso que nunca me retractaré que lo más complejo de esta enfermedad es en el momento en que el enfermo acepta el compromiso de querer ponerse en tratamiento pidiendo ayuda y responsabilizarse de su recuperación.

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