Ahora os pondré un breve ejemplo de mi manera de pensar veinticinco años antes de tomar la determinación de ponerme en tratamiento y dejar de beber:

” Yo no necesito que nadie me ayude. A mí no me come el coco nadie y me hacen un lavado de cerebro. Yo sé perfectamente cómo debo hacerlo. ¡Paso de centros e historias al igual que de médicos que no tienen ni puta idea! Ellos no pueden comprenderme nunca. Además, eso suelen ser sectas o cuatro alcohólicos cabreados que beben o han hecho desastres muy grandes y están frustrados o reprimidos, queriendo convencerte por la simple razón de que ellos ya no pueden beber. Es todo un negocio. ¡Ellos que sabrán de mí, por mucho que vaya a sus reuniones! ¡Yo no soy como ellos! ¡Nadie me comprende! ¿Los médicos o profesionales? Lo mismo: Cómo van a curarme si no se enteran…”

Esa resistencia a la evidencia no es más que una conducta propia de la enfermedad. Para defendernos, atacamos. Prejuzgamos y hablamos mal porque no nos interesa que nos descubran. Para eso, el primer paso de esa evitación es manipular a nuestros familiares y entorno con nuestras versiones y argumentos baratos e intentar convencerles. Sólo de ese modo ganaremos tiempo y nos dejarán en paz una temporada más hasta … que volvamos a joderla.

¿Qué pensamos?… ¡No pensamos,evitamos!

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