Camino sin retorno

No todos los que bebe alcohol tienen por qué tener consecuencias o enfermar, puesto que muchas personas son consumidoras responsables, con moderación y control, y el consumo no les afecta en lo físico, psicológico o social.

Sin embargo, cuando el consumo es prolongado, de larga trayectoria (años bebiendo, desde jóvenes), cada vez más acentuado con más frecuencia y cantidad, o simplemente nos vamos acostumbrando a beber por buscar un efecto, olvidándonos del placer mesurado, se corre el riesgo de caer enfermo. Enfermo de alcoholismo u otras sustancias. Enfermo crónico e irreversible en la cual, la única salida o alternativa posible para enmendarlo, será no poder consumir más y seguir un tratamiento para lograrlo.

Ese camino que muchas personas en este planeta recorren (se bebe igual aquí que en China, por muchas estadísticas que se saquen de la manga), es un camino mucho más peligroso de lo que aparenta en un principio. la idea de ver a mucha gente consumir y darnos la sensación de que “no les pasa nada”, nos anima a continuar creyendo, y a la vez engañándonos, que a nosotros tampoco nos sucederá.

Pues ese camino, por mucho que se informe, se conciencie, se hable, explique, se den testimonios de personas que lo han recorrido, … se toma con frivolidad y se le resta importancia debido a la normalización que se le otorga.

Es obvio que este texto va dirigido a todas esas personas que estén consumiendo y no siempre sigan esa moderación que tanto se comenta y utiliza como eslogan publicitario, sino que ya comiencen, aunque sea esporádica u ocasionalmente, a pasarse, a consumir más de la cuenta, tener lagunas y olvidos de memoria, excesos o abusos, o lleven años haciéndolo, que tomen conciencia y se planteen si ya es hora de cambiar de rumbo o abandonar el camino del consumo porque cuando se cruce la linea tan fina y delgada que separa al consumidor del enfermo, … ya no habrá retorno.

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